Carta a mi madre dormida (por Pepi Cubero)

Consideraciones previas; esta carta no es para ella, que está ya fuera del alcance de este mundo. Esta carta es un intento de homenaje a lo que ella fue y también una suerte de terapia, para los que seguimos aquí, la conocimos y la amamos.

 

Adiós mamá (11/ Enero/ 2010) 

 

Hoy hace 4 semanas que te fuiste mamá, y hoy precisamente era tu cumpleaños, pero pienso que por tu coquetería has preferido irte con un año menos. A penas 2 días antes le decías a tu nieta mayor “todavía no he salido de aquí (hospital) y ya estoy pensando en cortarme y arreglarme el pelo que así parezco una vieja”.

Así eras tú mamá, una niña de la guerra con una vida muy dura a sus espaldas, pero siempre alegre y agradecida por lo que Dios te daba.

Mamá, Dios te dio dones poco comunes, y tú los invertiste todos bien, ninguno se quedo en un cajón, así seguro que cuando llegaste al Cielo el Señor te dijo “ven buen (a) siervo (a) fiel, sobre poco ha sido fiel sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor”

Dios te dio una inteligencia natural, que suplía tu analfabetismo, pero que no te quitaba la pena de no haber podido ir nunca al colegio, por eso estabas tan contenta de que todos tus hijos fuésemos universitarios, especialmente las hijas.

La dificultad en leer de corrido (cito textualmente) te obligó a leer una y otra vez lo mismo (casi siempre la Biblia) hasta entenderlo, eso y la obra del Espíritu Santo te llevó a convertirte al Señor. Cuando tú pedías leer mejor, Dios te dio una capacidad de comprensión de su Palabra, que algunos teólogos hubiesen deseado para sí.

Cuando eras mas joven, y Dios era para ti, como para muchos, algo lejano y casi indefinido, decías “yo me enfado poco, pero cuando me enfado, me dura, soy un poco rencorosa, lo reconozco”. Después cuando Jesucristo pasó a ser tu Señor y Salvador personal, te seguías enfadando igual de poco, pero además ese ”rencor” dio paso a una gran compasión y capacidad de perdón, hacia los demás.

Fuiste mamá la mejor madre que se pueda tener, una abuela estupenda (que se lo pregunten sino a mis hijas) y una suegra poco común que afirmaba “mis yernos y mis nueras son perfectos para mi porque quieren a mis hijas e hijos y eso es lo único que yo pido”

Como esposa fuiste sometida y sufrida, pero libre de pensamiento y corazón, que es donde se puede ser libre de verdad.

Gracias mamá, por ser como eres, porque nos has enseñado a amar la vida, a ser agradecidos a Dios, a luchar por los hijos, por la familia y a mirar siempre hacia delante con esperanza.

Decías “aquí el tiempo que Dios quiera, pero cuando me llame yo estoy preparada, pero el tiempo que Dios me dé a disfrutarlo”.

Gracias mamá, por querernos como se quiere de verdad, de forma incondicional y apasionada.

Gracias por tu alegría, por tu gracia natural, por las lecciones de vida que nos has dado.

Estos últimos años han sido muy duros para ti, te costaba mucho no poder llevar la casa, un día me dijiste “ya se lo dijo Jesús a Pedro, cuando seas viejo otros te llevaran por donde tú no quieras……..” siempre con el pasaje adecuado a las circunstancias.

Te voy a echar de menos toda mi vida, te recordaré siempre y espero hacerlo como en los años que no estabas tan enferma, como cuando te ponías a bailar haciendo la cena de Nochebuena, o cuando te daba por cambiar los muebles de sitio porque así era como debían estar, o cuando te regalamos el centro de flores y le dijiste al mensajero que no era para ti porque no estabas acostumbrada, a ese tipo de regalos, pero también en los cuatro últimos días con la lucidez del tiempo final, cuando al comentar la enfermera que te curaría las piernas mañana, dijiste “anda que no está lejos mañana”

Adiós mamá hasta que nos volvamos a encontrar.

 

Tu hija Pepi.

 

1ª de Tesalonicenses 4:14 “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”.

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